Hace cinco años Luc Besson se invitó una historia de un antiguo repartidor de pizzas que decidñia convertirse en taxista aunque soñara con ser un piloto de fórmula 1. La película tenía persecuciones, bromas y mucha acción Y esa combinación con el sello de calidad que da Besson a sus producciones se tradujeron en un taquillazo en Francia que tuvo reflejo aunque más tímido en el resto de países europeos. Con la resaca del éxito, dos años después llegó la secuela en la que repetía el equipo y el guionista pero cambiaba el director. Gérard Pirès salía del proyecto y Gérard Krawczyk se incorporaba. Así nacía una colaboración que ya ha unido a Luc Besson y Krawczyk en cuatro ocasiones (Taxi 2, Taxi 3, Wasabi y Fanfan la tulipe, que estos días se presenta en el Festival de Cannes). En esta tercera película, el taxista Daniel (Samy Naceri) ha puesto nuevas opciones a su taxi, Emilien (Frédéric Diefenthal) ve gente disfrazada de Papá Noel por todas partes y Petra empieza a perder la paciencia, el comisario se obsesiona con su becaria japonesa... En fin, sólo tres excusas para volver a vivir la aventura por las calles de Marsella.
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