Poco después de terminar el guión de La pesadilla de Susi, la editora Eva Gardos suscitó el interés internacional al ganar el premio Hartley-Merrill al mejor guión de 1998, que se confiere en reconocimiento de la labor excepcional realizada por los guionistas de la Europa oriental y la desaparecida Unión Soviética. Para llevar al cine aquella historia, que reflejaba las propias experiencias de la joven escritora, los productores necesitaban encontrar a Margit y a Peter, los padres que tuvieron que abandonar Hungría dejando allí a su hija pequeña. Encontró la solución adecuada en el talento cosmopolita de la actriz de origen alemán Nastassja Kinski, ganadora de un Globo de Oro, y el carisma del actor estadounidense Tony Goldwyn. ¿El resultado? Un conmovedor y profundo relato humano de cómo su familia logró unir dos mundos dispares.
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