Estamos en el año 40. En una Francia que vive la Segunda Guerra Mundial y ve cómo toda la clase política, los hombres de negocio, los artistas, periodistas y grandes burgueses coinciden en Burdeos en varios hoteles. Todo un desfile de personajes de que el director Jean-Paul Rappeneau pensó que podían dar vida a una película, pero también tenía algo muy caro, tenía que ser una comedia. "Después de El húsar en el tejado trabajé en varios proyectos que no terminé, pero me volvía incesante a la cabeza esta idea de Burdeos en 1940. Sí pero ¿qué historia podía contar? Hasta que un día, en uno de os numerosos libros que leía sobre el período, encontré un detalle: en los días anteriores a la llegada de los alemanes a París, el Gobierno había decidido vaciar las cárceles. Ya tenía un inicio: un tipo está en la cárcel, sale, en París no hay ni un alma, se va a Burdeos a buscar a aquellos por los que estaba injustamente en prisión". Así nacía el germen de Bon voyage, pero terminar el guión le llevaría aún tres años más con la ayuda de Patrick Modiano. Después vendría el apoyo de lo mejorcito en actores franceses: Gérard Depardieu, Isabelle Adjani, Virginie Ledoyen o Yvan Attal. Y después de 14 semanas de rodaje, el éxito, de crítica, de público y el privilegio de ser la película que representa a Francia en los Oscar de Hollywood. El viernes 27 sabremos si la Academia la incluye entre los cinco títulos que compiten por la estatuilla de mejor película de habla no inglesa. De momento, ya pueden reírse en los cines.
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