¿Quién se puede imaginar una casa con catorce personas? Hay que compartir cuartos de baños, organizar comidas, controlar las necesidades de los niños, los adolescentes... Lejos de lo que podamos imaginar, el matrimonio formado por Steve Martin y Bonnie Hunt se organiza estupendamente. Pero las cosas cambian cuando al cabeza de familia le ofrecen el puesto de entrenador de fútbol de un equipo universitario en otra ciudad. Deciden aceptar la oferta laboral y toda la familia se traslada. Y cuando ya parece que se han superado las reticencias de los hijos adolescentes a abandonar amigos y novias, la madre del clan se entera de que tiene que viajar a Nueva York para promocionar un libro. Ahí empieza la guerra. Steve Martin tiene que enfrentarse solo a una familia numerosa descontenta con el traslado y al stress que genera todo trabajo nuevo. Y con ese punto de partida, bromas, gamberradas y caos protagonizan Doce en casa. Aunque el verdadero protagonista de la película es el valor tradicional de la familia. La película nos demuestra que si permanece unida y sus miembros están unidos por los lazos del amor, todos los demás problemas se pueden solucionar. Eso sí, lejos de la moralina evidente, el humor típico de las comedias físicas en las que ya hemos visto más veces a Steve Martin gobierna el tono de toda la historia. Una comedia para ver en familia.
| |