En 1998, Salvador García Ruiz debutaba en la dirección con Mensaka, en aquella película generacional trabajaban Laia Marull y Tristán Ulloa. Seis años después este trío repite en Las voces de la noche, la adaptación de una novela escrita por Natalia Ginzburg, que cuenta sobre todo una historia de amor que a pesar de basarse en la libertad de los dos protagonistas, no puede evitar contagiarse de la presión social y de la familia. Laia Marull, a la que todo el mundo ya asocia a la maltratada Pilar de Te doy mis ojos, por la que ganó un Goya, interpreta a Elisa, una mujer independiente dentro de lo libertad relativa que una joven soltera podía tener en el pueblo de la España cerrada y caduca de los 50. Tristán Ulloa es Jorge, un solitario que lo ha tenido siempre muy fácil en su vida gracias a los negocios de su adinerada familia. Los dos se ven a escondidas en una habitación de la gran ciudad donde dan rienda suelta a su pasión, a sus sentimientos y a todas sus preocupaciones. Sus familias y amigos no tienen porqué enterarse, pero llega un momento en que la relación pide un paso más. La presión del entorno acaba afectando a los deseos de la pareja.
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