Hace cuatro años, Mathieu Kassovitz (Amélie, Asterix & Obelix: Misión Cleopatra) se animaba a dirigir la adaptación al cine de una novela que había tenido mucho éxito de ventas Ríos de sangre roja. En 2000 Los ríos de color púrpura la combinación de investigación, intriga, acción y religión arrasaba en los cines franceses. Hasta ahí todo normal, una película francesa más que gusta en su tierra. Pero la sorpresa llegó cuando empezó a triunfar en todas las partes del mundo donde se estrenaba. Con semejante éxito, estaba cantado que habría segunda parte. Si hace cuatro años los policías que investigaban eran Vincent Cassel y Jean Reno, ahora en Ríos de Color púrpura: Los ángeles del apocalipsis repite Jean Reno y se incorpora como compañero Benoît Magimel (La pianista). Esta vez la apuesta de los productores era fuerte y ficharon como guionista al mítico Luc Besson, acostumbrado a llevarse bien con los gustos del público (Taxi, Juana de Arco, León, el profesional, Nikita...) La historia que elegió Besson para enganchar a los espectadores comienza con Niemas (Jean Reno) descubriendo un extraño cadáver en el interior de la pared de un monasterio, y a su alrededor han aparecido extrañas marcas esotéricas. El sacrificio que parece que se ha cometido, en principio no tiene nada que ver con el caso de Reda (Benoît Magimel), aunque es igual de extraño. El joven policía investiga una serie de asesinatos que sólo tienen en común la presencia de unos misteriosos monjes dotados de una fuerza sobrenatural que desaparecen del lugar del crimen sin dejar rastro. Los dos policías deciden trabajar juntos y la primera sorpresa les llega cuando se dan cuenta de que todas las víctimas tienen el mismo nombre y la misma profesión que los apóstoles. Intriga y misterio en este thriller inquietante que mezcla leyendas, sagradas escrituras y poderes divinos con grandes dosis de acción que consiguen estremecer al espectador.
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