En El año del diluvio, el director Jaime Chávarri ha filmado una historia de pasión en la Cataluña rural de los años 50, con la entonces silenciada actividad de los maquis. La superiora de una orden religiosa (Fanny Ardant) decide transformar el viejo hospital en un asilo y pide ayuda económica al terrateniente del pueblo (Darío Grandinetti). Entre ambos surgirá una atracción que les será muy difícil controlar. Chávarri explicó en la rueda de prensa de presentación de la película en el Festival de Málaga que leyó la novela homónima de Eduardo Mendoza "como un guión". Para inmediatamente después decidirse a rodar la película. "Me interesaba mostrar cómo un personaje religioso se enfrenta al descubrimiento del amor humano y al hecho de presenciar las cosas que pasaban en el país, puesto que hasta ese momento había aceptado la mentalidad de derechas imperante".
El sexo y el clero Cuando Chávarri comenta su película hace especial hincapié en la importancia de las elipsis en momentos claves de la narración, como la relación sexual de los dos protagonistas, la carta de amor que escribe la religiosa o el fusilamiento de un grupo de maquis. "Todos sabemos qué ocurre cuando se acuestan dos personas, y me parecía redundante mostrarlo. Además no quería una escena de monja con liguero".
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