El veteranísimo director portugués Manoel de Oliveira no falta a su cita anual con el cine. De nuevo, adapta una obra de Augustina Bessa-Luís, llevando a cabo un retrato muy particular de la clase adinerada portuguesa. El resultado es demasiado pausado y excesivamente artificial. Recomendable tan sólo para incondicionales del director y amantes de la ciudad de Oporto. Por Nacho R. Piedra [28/02/2003]