A la hora de vestirse no se come mucho la cabeza, “unos vaqueros, una camiseta y las deportivas. O unas botas que son mi prenda fetiche”. Si por ella fuera se perdería en una isla desierta, pero como esto es imposible, se conforma con perderse por los mercadillos de ropa de París.le gusta la moda, pero sabe que es un auténtico lujo y que lo bueno hay que pagarlo. “La moda ha cambiado, ahora uno no se viste para sí mismo, sino para que los demás te vean. Creo que es un completo error”, asegura.
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