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 | Galería de fotos: | ¿Qué opinamos de Flores de sangre? |
| ¿Qué opinamos de Flores de sangre? Para Myriam Mézières era imprescindible que su primer filme llevara grabada la impronta de su propia vida, un oscuro laberinto de orfanatos y abandonos que la recién estrenada directora consiguió plasmar en la pantalla con gran honestidad, a través de unas antiheroínas nada convencionales. Su gran baza es la particular relación madre-hija, dos personajes que confieren a la película un inquietante sabor incestuoso y a la vez tierno, aunque la sinceridad de sus perfiles por momento ronden peligrosamente la autocomplacencia y el narcisismo desmedido. Se agradece el peculiar ritmo narrativo de la puesta en escena (la mano omnipresente de Tanner) aun contaminado por la innecesaria obsesión de querer contar demasiadas cosas al mismo tiempo, fallo lamentable que se agrava con la pesadez melodramática de un final que pudo ser más brillante con menos azúcar.
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