| 
 | Galería de fotos: | Compay Segundo, en clave de son |
| Como a tantos otros músicos de su época, los buenos tiempos terminaron con el triunfo de la revolución de Fidel Castro. En su caso, Compay se vio obligado a esconder su armónico y a regresar a tiempo completo a su oficio de tabaquero en la fábrica H. Upman. De cara al público su instrumento estuvo silenciado diecisiete años, que le dieron para enrollar un número indeterminado de cigarros, a razón de ciento cincuenta habanos diarios. De hecho, muchos recuerdan al trovador en sus últimas apariciones desmontando puros y volviéndolos a montar hoja a hoja antes de esconderse tras su cortinilla de humo farfullando: "Ay, ya no los hacen como antes. No, señor, ya no".
|
|