En el rodaje de La fiesta no había catering, tampoco tenían travellings adecuados -se hicieron con una silla de ruedas-, y los actores curraron por la cara. Manuel Sanabria, Carlos Villaverde, dos recién diplomados en producción de cine, se habían vuelto locos: querían hacer un largometraje comercial con menos de 6.000 euros. Pasaron hambre, vivieron en comuna 15 días en el piso donde se rodó el 80% de la película, pero la terminaron. Después pasaron dos años de puertas cerradas hasta que llegaron a la de Buena Vista. Hoy su película está en 100 salas en toda España. Así se montó La Fiesta... Por Mar Saiz [11/08/2003]