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 | Galería de fotos: | ¿Qué opinamos de Ararat? |
| ¿Qué opinamos de Ararat? Con Ararat, Egoyan firma su película más abiertamente personal hasta la fecha. Su ascendencia armenia (igual que la de su mujer) provoca que la cinta le sea especialmente importante, y se nota la sincera necesidad del autor de transmitir sus sensaciones. Pese a todo, el peculiar estilo Egoyan de mostrar sin detallar, de dibujar pinceladas a modo de collage, provoca una extraña sensación, como si invitara al espectador a rellenar los huecos en blanco. De hecho, más que dar respuestas, el director lanza todo tipo de preguntas, poniendo en marcha la maquinaria mental del espectador, que se encuentra realmente ante dos películas bien diferenciadas, y, a la vez, tremendamente unidas: aquella que protagoniza Raffi, el personaje principal; y la que se rueda sobre el genocidio armenio. El inteligente uso dado a la película que se rueda dentro de la propia película, es tan solo una de las muchas bazas de Ararat, una cinta de la que se puede sacar mucho jugo.
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