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| Joaquín Oristrell reconoce que se "quitó la faja" de guionista eficaz: "No sabía si estábamos haciendo una comedia, un drama o qué, pero lo importante era la palabra, y el estilo lo fue dando el propio proyecto. El 90% de los diálogos son de unos actores que, sinceramente, creo que están en estado de gracia". Todo el rodaje se hizo con cámara al hombro sin trípode porque no había tiempo para colocar un travelling. El director reconoce que sudó mucho haciendo el montaje: "Tenía muchísimo material porque algunas de las escenas se llegaron a alargar hasta dos horas y era necesario cortarlas a dos minutos. Mi obsesión era conseguir un metraje que no superara los 90 minutos".
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