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 | Galería de fotos: | Christina Rosenvinge |
| Inalcanzablemente próxima, como todo lo que lleva el estigma de la perdurabilidad, es la música de Christina Rosenvinge. Sus temas, en algún punto entre lo hermético y lo accesible, van cargadas del veneno más certero: el que ni es inoquo ni fulminante, sino que impregna los órganos vitales de forma lenta pero inexorable. Así son Foreign Land y Frozen Pool, los frutos de su retiro voluntario en Nueva York, experiencia que le ha permitido llegar musicalmente al lugar al que quería: en el que habita y trabaja una cantaurora que gusta mucho, cada vez más, a un público minoritario, que cada vez lo es menos. Ahora vuelve a tocar en Madrid para rematar a quienes ya se le rindieron antes del verano. Su música, por fin, convence a los más excépticos. Mira King Size Repasemos su trayectoria.
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