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 | Galería de fotos: | Lo peor de Dogville |
| La insistencia de la cámara al hombro. El director es al mismo tiempo operador de cámara y se mete encima de cada una de las interpretaciones con la intencionalidad de convertirse en un elemento más de la película. El proceso de adaptación a esta peculiar manera de rodar se dilata más que las obvias ausencias de las paredes o del perro. La iluminación se adapta perfectamente al enrarecido ambiente del pueblo, pero contribuye a crear una sensación de incomodidad añadida a la del movimiento de la cámara. El metraje, asombrosamente, se digiere con facilidad aunque lo cierto es que puede ser un reto para muchos espectadores.
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