“No paras de trabajar y de cambiar de un sitio a otro. De esperar largas horas en un casting, y de no llegar a conocer a la gente más en profundidad, porque no tienes tiempo”.
Tiene la cabeza muy bien amueblada, tal vez porque desde los 15 años su paseo más habitual era de casa al aeropuerto y de allí a Milán o a Tokio, y casi un año escolar a la basura.
Sabe que hay pocas españolas que triunfan porque lo que se exige fuera es exotismo.