El director canadiense Denys Arcand rodó en 1986 El declive del imperio americano, un brillante ensayo antropológico que avanzaba con inteligente ironía el naufragio de las utopías culturales, la revolución sexual y las quimeras políticas de su generación. 17 años después convoca a los mismos actores para dejar constancia del paso del tiempo en aquellos personajes, sometidos ahora a una suerte de exorcismo generacional en torno al lecho de muerte de uno de ellos. En la secuela, contada con el mismo cinismo, una generación nueva destinada a heredar (o transgredir) los ideales de sus mayores, también ha sido víctima de sus contradicciones y ha capitulado a favor de una sociedad decadente, enferma de incultura y marcada por el estigma de la globalización y el dinero. Por Carlos Ferrera [19/12/2003]