Fieles a su cita, los invitados fueron alcanzando sin exagerados retrasos esa región particularmente "chic" de la capital francesa, situada entre uno de los meandros del río Sena y el bulevar periférico, entre el hipódromo de Longchamp, la gran cascada vecina y el parque de Bagatelle.
A cambio, Galliano les llevó también lejos en el tiempo, pasado y futuro, y en ese arte que domina hasta la perfección y por el que fue ovacionado al final del desfile, cuando saludó vestido de un elegante traje negro, sin referencias desmedidas al tema central de su colección.