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 | Galería de fotos: | ¿Qué opinamos de Lost in...? |
| El principal acierto de Lost in translation es conseguir que el espectador se sienta reflejado en la soledad de los dos personajes protagonistas. Todos nos hemos sentido perdidos alguna vez y de repente encontramos el rumbo de nuevo gracias a alguien. Cuando pasas por esa situación y estás en un país extranjero, en el que no entiendes el idioma, la cultura es tan diferente que no deja de sorprendente y además no consigues dormir con el jet lag, un desconocido puede ser la mejor ayuda. Un buen punto de partida para un guión más que sólido que acaba convirtiéndose en una loa a la amistad y a Tokio, una ciudad de la que su directora parece haberse enamorado. Allí sitúa la historia de dos seres humanos perdidos en un hotel sin nada en común a priori salvo la soledad y dos crisis existenciales (una de madurez y otra de juventud con el ¿qué tengo que hacer con mi vida? a cuestas). Y a pesar del riesgo que suponía abusar de los estereotipos de la cultura oriental, Lost in translation no cae en ninguno y sabe reflejar los incidentes y los choques de cultura con un toque cómico que se basa sobre todo en el respeto y la admiración. Si a esto le añadimos que los dos actores principales realizan un trabajo fascinante, especialmente Bill Murray, nos encontramos con una película que nadie se puede arrepentir de ver.
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