La segunda película dirigida por Sofia Coppola tenía cuatro. Para algunos eran pocas, pero los que lo afirman no tenían en cuenta que todas son categorías eran potentes: mejor película, mejor dirección, mejor actor protagonista (Bill Murray) y mejor guión original. Esta humilde y poco pretensiosa película sólo ha podido llevarse una estatuilla por mejor guión original. En cualquier caso, el encuentro de un actor maduro y una adolescente recién casada en un hotel de Tokio, donde la soledad y el jet lag les empuja a descubrirse al mismo tiempo que rastrean la ciudad es de una sensibilidad impresionante, y se merecía estar entre las mejores.
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