Tras doce años alejado de las pantallas, el director argentino Luis Puenzo vuelve con más ganas que nunca con esta esmerada coproducción argentino-española. Una lástima que el esfuerzo invertido no haya servido para conseguir una buena película, sino un compendio de deseos y caprichos personales mal dispuestos. A destacar el arriesgado trabajo de Aitana Sánchez-Gijón. Nacho R. Piedra [07/05/2004]