Spider-Man 2 termina de constatar lo que ya avanzaba la primera entrega: la adaptación de este héroe del cómic está muy por encima de sus semejantes. Si bien otras franquicias optan por la explotación de los superpoderes y los efectos especiales, Spider-Man 2 se centra en los personajes y sus conflictos por encima del habitual efectismo. Por supuesto, hay escenas de acción muy vistosas y elaboradas, pero no son la base de la historia. La película se centra en la sensación agridulce del protagonista al tener que llevar una doble vida, al ver cómo hay cosas que no puede tener (las más comunes) y otras que sí tiene al alcance de la mano (las más insólitas). Algo nada nuevo en la historia de los superhéroes pero totalmente novedoso en cuanto a la dedicación y el enfoque elegidos para mostrarlo. Si bien el original Spider-Man podía ser visto como el episodio piloto de una serie, como la niñez y adolescencia de un personaje, esta secuela está más cercana a la madurez, a los problemas reales del que crece y se hace mayor. Spider-Man 2 es lo que toda buena continuación debería ser.
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