Tarantino remata la faena de Kill Bill con una exhibición de cine comercial-de-autor en el que confluye el Spaghetti Western, los films de gánsters y la acción de las artes marciales chinas. Por fin el director da forma a esa diluida historia del volumen 1 con una descarga de singulares diálogos, personajes de carne y hueso y el esperado, aunque no menos dramático y peliculero, final. Para verlo. Mar Saiz [23/07/2004]