Nuestra crítica Con dos figuras tan clásicas del cine de las últimas décadas al frente, como son Michael Caine y el director Norman Jewinson, el espectador puede hacerse una idea del tipo de cinta que se va a encontrar. Como si de un regreso al pasado se tratase, la historia se desarrolla de una manera lenta pero segura, con una cuidada planificación por parte de un meticuloso Jewinson (la continuidad, apoyada en un sencillo montaje, es exquisita), cuyo único punto flojo es prolongar hasta el límite la huída de un Michael Caine de lo más convincente. La película bien podía haberse rodado hace varias décadas, ya que se engloba en ese tipo de historias atemporales, que siempre funcionan bien a poco que se cuiden las formas.