Se gana la vida en la pequeña pantalla, mostrando una personalidad madura pero jovial ante un público adolescente. Sin embargo, cuando llega la noche su reverso más neurótico, burlón y delirante le posee y le arrastra a cualquier escenario que detecte su infalible instinto cómico. Un hacha, el tío.
Tenemos que hablar Esa frase en boca de tu pareja tiene más peligro para una relación que una escopeta de feria en manos de un enfermo de parkinson. Vamos, sincérense, ¿no se les hiela la sangre cuando su respectivo les llama y les suelta eso de "Tenemos que hablar"? Víctor ha pasado por ello, y lo cuenta en su monólogo.
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